HISTORIAS DEL CONURBANO
📌 Adrogué | Buenos Aires
Todos los veranos, la familia Borges hacía las valijas y viajaba apenas 20 kilómetros al sur de Buenos Aires. El destino era Adrogué, un pueblo de calles arboladas, verjas de hierro y quintas donde, según el propio escritor, «se adivinaba la vida detrás de las quintas». Allí, entre eucaliptos, Jorge Luis Borges aprendió a andar en bicicleta y a perderse por calles diagonales que parecían formar un verdadero laberinto.
Primero se alojaban en una quinta alquilada llamada La Rosalinda y, más tarde, en el hotel Las Delicias, un lugar que marcaría para siempre su imaginación. Sus espejos infinitos, las estatuas, la falsa ruina y los jardines inspiraron años después el escenario de «La muerte y la brújula», uno de los cuentos más emblemáticos del autor.
Ya de adulto, Borges decía que le alcanzaba con sentir el aroma de los eucaliptos para saber que estaba en Adrogué. El laberinto, los espejos y el doble, temas que atraviesan gran parte de su obra, nacieron en aquellas caminatas por este rincón del conurbano bonaerense.
Hoy es posible visitar la Casa Borges, donde vivió junto a su madre y su hermana Norah, convertida en museo. El histórico hotel Las Delicias ya no existe, pero la plaza principal, los eucaliptos y la estatua de Diana Cazadora permanecen como testigos de la infancia del escritor, invitando a descubrir el lugar donde comenzó a construirse uno de los universos literarios más importantes de la Argentina.










